Horno anagama

Hace varios años participé como alumno en un curso con el maestro Im Kyong Woo sobre la construcción de un horno anagama. En aquel momento me parecía un desafío imposible, pero sus enseñanzas transformaron por completo mi manera de comprender y sentir la cerámica.


Tiempo después, motivado por el ceramista Ariel Walter y sus quemas a leña, me animé a construir mi propio anagama: inspirado en el del maestro Im, aunque con una diferencia fundamental. Mientras que en su diseño la chimenea está unida directamente a la cámara de cocción, en mi versión la ubiqué un metro más atrás. Ese espacio intermedio lo pensé para mejorar el tiraje y, al mismo tiempo, como una pequeña cámara que me permitirìa experimentar con raku. El resultado superó mis expectativas: pude realizar raku a más de 1200 °C.


Más adelante, conversando con Mario Domínguez, director de la Escuela de Cerámica de Lomas de Zamora, me explicó que el horno del maestro Im respondía a la tradición coreana y que, con mi modificación, lo había “japonizado”. Así nació el Oterogama, el nombre de mi horno anagama.


El nombre viene de mi apellido, Otero, y “gama”, que significa horno en japonés. Así es, literalmente, el horno de Otero. También puede leerse como “horno en un cerro bajo” o también “horno para mirar”, un pequeño juego de palabras que refleja mi manera de acercarme a la cerámica.


23a105032ccfc4472b6e5a38afc4f990b848a3ffdac1e352624c63758030e45d424843.jpg


f4db12fb8ed5b85b5e8473ccaf150511af30dc1d888bbc967df730897bc0fed8424843.jpg



Mi carrito